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Los mandos intermedios, la piedra clave de la organización/bóveda

Seguro que muchos de vosotros recordáis haber sufrido y, en ocasiones, disfrutado en aquellas clases de arte (en los que algunos aprovechaban para sestear) con nuestros exigentes y también maravillosos profesores proyectando a oscuras incontables transparencias de desconocidos edificios, iglesias, palacios, estatuas, esculturas, monumentos, repartidos por todo el mundo y que luego aparecían en los exámenes de forma traicionera y alevosa. Si ya sé que vamos cumpliendo años y algunos no sabéis de que hablo…

También me viene a la cabeza aquellas tardes antes del examen en la que, por grupos, nos juntábamos en la biblioteca del cole con nuestros colegas en torno al Summa Artis, como único recurso para poder prepararlo dignamente. Entonces no disponíamos de los inagotables recursos que ahora puede proporcionarnos googlear y esas tardes daban mucho de sí, incluso ese contacto por razones de necesidad, proporcionaban la excusa para intentar ligar con ese compañero o compañera que no nos daban bola en clase…

Pues bien, una de las cosas que muchos recordamos es aquello de la piedra clave de cualquier arco o bóveda que se precie, aquella que si la quitásemos haría que se desmoronase. Cómo localizarla, lógicamente atraía inmediatamente nuestra atención, ya que, de producirse, haría que la clase de arte también se precipitase a su fin. Hoy en día y cuando obligamos a nuestros hijos adolescentes a acompañarnos en jornadas de visitas a iglesias y demás, aunque solo sea para desconectarles brevemente de sus móviles y poder comunicarnos con ellos, cosa que hacen a regañadientes dicho sea de paso, aprovechamos para fardar mientras les invitamos a encontrar la piedra clave de la bóveda en cuestión.

En nuestras organizaciones también tenemos piedras claves, aunque habitualmente ignoremos el peligro de desmoronamiento que los acompaña, y estas no son sino nuestros sufridos y en general poco reconocidos mandos intermedios.

Estos profesionales comprometidos, honrados y esforzados trabajadores que en su día y actualmente fueron promocionados de entre sus equipos, son los que verdaderamente sostienen la cultura de las organizaciones y actúan como bisagra y transmisores a los equipos de la estrategia en RRHH que diseña y quiere implementar la alta dirección de la empresa. En sus espaldas soportan las presiones por ambos lados; por un lado, tienen que conseguir los objetivos que establecen sus superiores, pero no a expensas de la necesidad de sus subordinados.

Ya solo con sus responsabilidades de liderar y administrar eficazmente las actividades de sus equipos están soportando una gran parte de la carga de la bóveda y, además, y, por si fuera poco, ahora les exigimos que ejerzan nuevos roles: Que inspiren y desarrollen a sus colaboradores en cuya selección les hacemos participar, detecten y fidelicen el talento, sean objetivos cuando evalúan su desempeño y por supuesto justos y exactos para establecer, liquidar y comunicar la retribución variable. Y no digamos a la hora de transmitir noticias menos bonitas como reorganizaciones, ajustes, cambios de procedimientos y estilos de liderazgo, etc.

Invito a todos nosotros a reflexionar cuánto más peso pueden soportar estas piedras claves de nuestras crecientes, altas y espigadas bóvedas y qué refuerzos queremos y estamos en condiciones de aportar, para de tanto en tanto cuidarlas (restaurarlas si es preciso) y en sus diferentes formas, salariales (o no), entre lo que podemos enumerar:

  • Una mejor comunicación con la dirección, hacerles partícipes y transmitirles la estrategia y objetivos de la empresa y definir y centrar claramente sus funciones y responsabilidades.
  • Más reconocimiento, apoyo y acompañamiento.
  • Flexibilidad y autonomía en el desarrollo de sus funciones y consecución de objetivos
  • Una formación adecuada y diseñada a medida, práctica para su utilización en su día a día

Itinerarios de carrera y visibilidad de sus oportunidades de promoción…

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